El domingo pasado celebramos a Jesucristo Buen Pastor y nuestra Arquidiócesis ha recibido de parte del Señor seis nuevos pastores. Juan Carlos Marrero Vargas, de la Parroquia de Nuestra Sra. de Guadalupe y oriundo de Santa Catalina, municipio de Guadalupe Victoria; Juan Ángel Cisneros Rodríguez, originario de la Villita de San Atenógenes; Sergio Juárez Rodarte, de la Parroquia de la Divina Providencia; Marco Antonio Galindo Ortiz, de la Parroquia de San Marcos, Jorge Armando Borjón Rosales, de la Parroquia de San José Obrero; y Sergio Ibarra Ramos, de la Parroquia de Santa Ana y la Sagrada Familia, estos últimos cuatro, de aquí de la ciudad de Durango. Es motivo de alegría para todos nosotros este acontecimiento y pedimos al Señor que les conceda ser buenos pastores.

A este respecto, la primera lectura de este V Domingo de Pascua manifiesta precisamente la necesidad de que haya siempre buenos pastores para guiar a la comunidad. Como la Iglesia iba creciendo después de la resurrección del Señor, surgió la necesidad de que los apóstoles eligieran a otros siete para que ayudaran en el servicio. Los comienzos de la Iglesia no fueron sencillos y poco a poco se fue organizando mejor. El anuncio de la Evangelio no podía ser hecho siempre de la misma manera, y los apóstoles inmediatamente se dieron cuenta de que no estaban respondiendo a las necesidades de la comunidad. ¡Qué interesante visión de los apóstoles! Inmediatamente ponen manos a la obra para resolver las dificultades. La solución pasa por la elección de siete hombres con estas características: buena fama, llenos de espíritu y sabiduría. Desde el punto de vista externo, por lo tanto, se trata de hombres bien portados delante de la comunidad. Los apóstoles no querían elegir a cualquiera, se trataba de hombres de buena fama, seguramente gente que respetaba a los demás, caritativa, hospitalaria, etc., rasgos muy valorados en la antigüedad. Además se buscaban hombres llenos de espíritu,  es decir, personas de fuerte vida espiritual. No bastaba el buen comportamiento social, se necesitaba que fueran sanos espiritualmente. El espíritu es lo más íntimo de la persona, lo que la hace vivir y, sobre todo,  lo que la pone en contacto con Dios. Finalmente, se dice que debían ser sabios. Una persona sabia en la antigüedad era una persona que conducía su vida a la luz de los caminos propuestos por Dios. También un sabio buscaba realizar una vida práctica basada en la justicia y el bien. Además, conocía y dialogaba con otras perspectivas de su alrededor y proponía con sagacidad sus propios pensamientos.  Así eran Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, todos con nombres muy significativos.  Esteban proviene del griego stefanos y significa “coronado”; Felipe “amigo de los caballos”; Prócoro “el que preside el coro”; Nicanor “vencedor de hombres”; Timón “honrado”; Parmenas “el que es fiel”; y Nicolás “el vencedor del pueblo”.

Imaginemos que estamos en el momento de la elección de estos siete hombres. ¿Qué palabras habrán recibido de parte de los apóstoles? Seguramente las que encontramos en el Evangelio. Jesús insiste a creer en Él y a creer en el Padre. Jesús además se revela como el camino, la verdad y la vida. He aquí las palabras fundamentales para todo evangelizador. No hay otro camino, otra verdad, otra vida que Jesús de Nazaret.  Todos los caminos de justicia, todas las búsquedas de la verdad, y todos los afanes de la vida convergen en Él y en Él adquieren plenitud.

La elección de los siete ha sido vista por la tradición de la Iglesia como un momento muy importante para el ministerio sacerdotal. Los apóstoles necesitaron de cooperadores para llevar la evangelización. Hoy sucede lo mismo, y dando un paso más, hoy más que nunca se requieren evangelizadores a ejemplo de estos siete: buena fama y llenos de espíritu y sabiduría. Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seglares estamos a llamados a continuar en esta tónica: abriendo caminos siempre nuevos; proclamando la Verdad que es Jesucristo el Señor; y dando vida en cualquier lugar donde nos encontremos. No es tarea fácil, pero ninguna tarea justa, buena, educativa y evangelizadora se realiza sin esfuerzo. Que el Señor nos ayude a seguir adelante.

Pbro. Dr. Pedro Astorga Guerra

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